Rancho Las Voces: 05/01/2017 - 06/01/2017

Fotografía / España: Un libro recoge obras únicas del fotógrafo francés Jean-Pierre Leloir

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Jean-Pierre Leloir
La cantante Billie Holliday, en el aeropuerto francés de Orly, en 1958. (Foto: Elemental Music Records)

C iudad Juárez, Chihuahua. 23 de mayo de 2017. (RanchoNEWS).- Era un músico, pero su instrumento era la cámara de fotos, de la que no se separaba, cuenta Michel Legrand en Jazz Images. Ashley Kahn, autor de libros de referencia como A Love Supreme, indica que Leloir aparece en el documental The Miles Davis Story con una flamante corbata, gafas redondas y su grueso bigote. La introducción de Jazz images la ha firmado Quincy Jones, al que se puede ver, en una fotografía tomada en 1958, en su piso de París, escuchando música en el suelo junto a Sarah Vaughan, y que asegura recordar incluso las canciones que estaban escuchando en ese preciso momento. Escribe Carlos Galilea para El País.

El día de la liberación de París, un soldado estadounidense le dejó su cámara para que le fotografiara, y cambió su vida. Su primera foto conocida, la orquesta del pianista Jef Gilson, la publicó, en mayo de 1951, la revista Jazz Hot. Jean-Pierre Leloir (1931-2010) se dedicó a retratar a los músicos de jazz que pasaban por París: lo hizo en las llegadas de aeropuertos y estaciones de tren, camerinos de clubs y teatros, habitaciones de hoteles… Y lo hizo con una gran habilidad para captar su intimidad. Quizá porque amaba a la gente a la que fotografiaba: aseguraba que era incapaz de fotografiar a un artista del que que no apreciara su música.

En sus miles de negativos guardó a gigantes del jazz como Chet Baker, Charles Mingus, Thelonius Monk, Lester Young, Billie Holiday, Bill Evans, Ella Fitzgerald… Ahí están Louis Armstrong, con los pantalones arremangados durante un ensayo; Miles Davis jugando al boliche en la playa o Nina Simone bañándose en la piscina de un hotel. Eran tiempos en los que los músicos afroamericanos sufrían todo tipo de humillaciones en Estados Unidos. Y, en Europa, encontraron un ambiente más propicio para su arte y una mayor libertad. Miles, que llegó por primera vez a París en 1949, dijo en su autobiografía que nunca se había sentido de aquella manera, «tratado como un ser humano, como alguien importante».

Una habitación de hotel en Antibes: John Coltrane se pone a tocar, con un pie sobre la silla, mirando la foto de Eric Dolphy que el francés acaba de regalarle. La cámara fija el instante. Es una de las favoritas de Leloir, que no solo fotografió jazz, también a Dylan, Hendrix o Zappa. Su hija Marion cuida de las más de 100.000 fotografías del legado paterno cuya instantánea más famosa probablemente sea la que tomó de Jacques Brel, Georges Brassens y Léo Ferré.

Más de 150 de esas fotos, la mayoría inéditas, están recogidas en Jazz Images, libro de tapa dura de 31 por 31 centímetros, que incluye un CD con una pequeña muestra de la colección de 50 LP clásicos del jazz que han organizado Gerardo Cañellas y Jordi Soley —responsables de Jazz Images—, también con material gráfico de Jean-Pierre Leloir, creador de una obra tan valiosa como las de Herman Leonard, William Claxton, Roy DeCarava o Francis Wolff. Dice Quincy Jones que Leloir era un preservador de historias. «Y el único modo de que las generaciones futuras sepan algo de sus ancestros, y de cómo forjaron la historia, es que transmitamos estas historias y la sabiduría que conllevan».


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Literatura / Turquía: Persecución a las letras turcas

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OZAN KOSE
La novelista Asli Erdogan saliendo de la cárcel de Bakirkoy en Estambul. (Foto: Ozan Kose)

C iudad Juárez, Chihuahua. 23 de mayo de 2017. (RanchoNEWS).-El pasado 2 de mayo, agentes de policía penetraron en las dependencias de la editorial Belge Yayinlari en Estambul. Buscaban pruebas que relacionasen a sus editores con un grupo armado de extrema izquierda y portaban una orden de la Fiscalía que les autorizaba a retirar dos libros —un ensayo y una novela— de circulación. Finalmente, terminaron requisando 2.171 ejemplares de cerca de un centenar de títulos con la excusa de que no poseían el sello fiscal preceptivo desde hace unos años en Turquía para sacarlos a la venta. «Todo esto es un disparate. Saben quiénes somos: una editorial respetada internacionalmente por publicar obras sobre derechos humanos, minorías y temas tabú, pero que no tiene ninguna relación con grupos terroristas», explica por teléfono el veterano editor y director de Belge, Ragip Zarakolu: «Las obras que se llevaron son ejemplares publicados durante las décadas de 1980 y 1990, cuando no existía el sello fiscal. Son libros que no vendemos, los regalamos o donamos a bibliotecas cuando lo solicitan. ¡Si hasta se llevaron unos libros del Che Guevara publicados hace cincuenta años por otra editorial que teníamos en nuestro archivo!». Reporta Andrés Mourenz desde Estambul para El País.

El suceso no pasaría de ser un hecho abusivo pero anecdótico, si no fuese por la represión cada vez mayor a la que se enfrentan los editores, escritores y, en general, los intelectuales turcos críticos con el poder. El autoritarismo del presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, se ha incrementado en los últimos años pero su furia censora y represora se ha desatado especialmente desde el intento de golpe de estado de julio del pasado año. «Desde la declaración del estado de emergencia, las presiones han aumentado y las restricciones se han hecho más severas», explica Yonca Cingöz, de la Asociación Turca de Editores (TYB) y cita como ejemplos los numerosos juicios por «ofensas al presidente» y «atentado contra el derecho al honor» a los que se enfrentan editoriales y escritores que publican obras críticas; las investigaciones por «terrorismo» que se abren contra ellos o los obstáculos que sufren para poder hacer presentaciones y actos públicos: «Además, últimamente, cuando un tribunal ordena retirar un libro de circulación, no nos informan, nos enteramos por las librerías, impidiéndonos su defensa».

Zarakolu cree que la razón real tras la redada que sufrió su casa editorial fue un libro recién publicado (Memorias no escritas de Recep Tayyip Erdogan) en el que el profesor Baskin Oran examina con mordaz ironía la evolución del mandatario turco. «Pienso que es un toque de atención. Ya que si hubiesen atacado directamente el libro en cuestión, eso hubiese supuesto más publicidad para la obra», opina el editor, que actualmente vive exiliado en Suecia. Allá llegó hace tres años invitado por un programa de becas pero decidió hacer de su estancia algo definitivo el año pasado. No puede regresar ya a Turquía pues en su país le espera una orden de arresto y un juicio en el que la Fiscalía exige cadena perpetua por haberse solidarizado con una publicación kurda.

Durante el último año, 42 editoriales han sido clausuradas por orden del Gobierno merced a las potestades que le confiere la normativa del estado de emergencia vigente desde la fallida asonada militar y cientos de libros han sido prohibidas, en su mayoría relacionados con el clérigo Fethullah Gülen, al que se acusa de instigar el golpe. Entre rejas hay actualmente más de 150 periodistas, columnistas y escritores. Como el novelista Ahmet Altan, encarcelado desde septiembre bajo la peregrina acusación de «enviar mensajes subliminales» a favor de la sublevación. La persecución de quienes critican al gobierno adquiere, en ocasiones, tintes aún más estrambóticos. El pasado abril, una periodista de la localidad kurda de Diyarbakir fue detenida y se le confiscaron, entre otras cosas, obras de los filósofos Baruch Spinoza y Albert Camus, a los que el fiscal encargado de instruir el caso definió como «miembros de la organización terrorista PKK».

«Sólo un país tan ignorante como Turquía puede hacer acusaciones así», afirma Asli Erdogan refiriéndose al proceso judicial al que se enfrenta: ella, que es una escritora existencialista, cuya prosa lírica tan oscura y abstrusa como bella está al alcance de pocos lectores, se enfrenta a la acusación de «intentar derrocar al Gobierno» y de «dirigir un grupo terrorista». «¿Cómo una pequeña escritora como yo, que tiene un público tan minoritario, puede derribar al poderoso Estado de Turquía? ¡Que se lean al menos cinco páginas de una de mis novelas y se darán cuenta de que mi búsqueda vital no tiene nada que ver con organizaciones armadas!», se queja tras ser excarcelada de la prisión a la que fue confinada de manera «preventiva» durante cuatro meses. Ahora está en libertad, pero su pasaporte ha sido confiscado y no puede salir del país, ni siquiera para recoger premios como el Princess Margriet que el pasado día 9 de mayo le concedieron en Holanda: «Claro que estar fuera es mejor que estar en prisión, pero no puedo sentirme libre. Ésta es una libertad de broma. Sigo teniendo miedo de que vengan a detenerme. Una palabra equivocada durante una entrevista... y de nuevo dentro».

En Turquía aún se publican muchos libros (667 millones de ejemplares en 2016) y se vende buena parte de ellos. Pero el espectro de los asuntos políticos, sociales y culturales a debate, que hace una década se abría como nunca en la historia del país, se ha reducido a un espacio exiguo. Igual ocurre en la academia, afectada por la purga de miles de profesores. Algunos han optado por eludir las críticas y no fomentar el debate entre los alumnos, temerosos de que sus propios estudiantes los denuncien. No en vano, una reedición de la novela 1984 de George Orwell estuvo durante algunas semanas del año pasado entre los libros más vendidos, después de que la recomendase el periodista Can Dündar -hoy exiliado en Alemania- en una obra que repasa los meses que pasó en prisión.

Es cierto que en Turquía todavía hay quienes resisten, tratando de publicar obras críticas más allá de la literatura de ficción -contra la que todavía no se ha atrevido el gobierno- que estimulen la discusión pública. «La libertad de publicación es la base para que la gente pueda leer libremente. Y la lectura es la base del pensamiento y el libre debate», arguye Zarakolu. Pero no sabe cuánto podrán aguantar la presión, los procesos judiciales, la persecución constante: «Esta situación un desastre para la intelligentsia, como lo fue la dictadura militar de 1980. Y lo paradójico es que esto sucede bajo un gobierno civil. Actualmente se necesita mucho valor para expresar ciertas ideas en público. Muchos intelectuales quieren irse del país porque se sienten inseguros. Turquía está perdiendo su capital intelectual, como ocurrió en Irán tras la revolución islámica».

«HAY UNA TENDENCIA A LA VENGANZA Y LA CRUELDAD EN LUGAR DE SEGUIR EL PROCESO LEGAL»

«Los escritores y periodistas en Turquía viven una inmensa presión. Si bien no es, en absoluto, por su trabajo literario o sus novelas, sino por sus críticas y trabajo periodístico», explica el Premio Nobel de Literatura Orhan Pamuk a EL PAÍS a través del correo electrónico: «Algunos de mis amigos están en la cárcel porque criticaron al gobierno en periódicos o televisiones. Los famosos novelistas Ahmet Altan y Asli Erdogan han pasado meses en la cárcel. Asli, que fue liberada posteriormente, me contó las horribles condiciones en que se encuentran las cárceles. La suya era la prisión femenina de Bakirköy (Estambul), pero hemos tenido noticias de que en la prisión masculina de Silivri (Estambul) las condiciones son aún más inhumanas. Conocidos periodistas y comentaristas están en la cárcel sólo por haber criticado radicalmente el gobierno de Erdogan. Siempre está el pretexto de que estuvieron involucrados en el fallido golpe de estado, pero esas alegaciones no son convincentes y, aunque lo fueran, estos escritores no deberían estar en la cárcel antes de que un tribunal dicte sentencia. Y se les debería permitir leer y escribir. En lugar de seguir el proceso legal normal, hay una tendencia a la venganza y la crueldad contra ellos. Este tipo de prácticas son habituales durante el estado de emergencia».


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Fotografía / España: La fotografía mortuoria asturiana se muestra en «Revela-T»

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ENRIQUE GÓMEZ
Niña muerta, foto tomada posiblemente en Luarca en 1925. (Foto: Enrique Gómez)

C iudad Juárez, Chihuahua. 23 de mayo de 2017. (RanchoNEWS).- No siempre fueron tenidas por imágenes destinadas a miradas morbosas. Al contrario, la fotografía fúnebre o mortuoria fue un género socialmente muy aceptado durante años. Las familias vestían a sus muertos queridos con alguna de sus mejores ropas y luego llamaban al fotógrafo. Éste captaba ese instante de la muerte detenida, un último retrato con el que preservar el recuerdo de la persona fallecida. Y era una costumbre de todas las clases sociales, muy enraizada además en las católicas España e Italia hasta prácticamente los años sesenta del pasado siglo. El Muséu del Pueblu d'Asturies posee en su importante fototeca notables ejemplos de este tipo de instantáneas. Algunas se pueden ver estos días en «Revela-T», cita que acoge Barcelona. Este festival está considerado como el más importante del mundo de fotografía analógica. J.L. Argüelles reporta para La Nueva España.

El tema de lo oculto, de lo que se aparta de la mirada social, ha sido uno de los asuntos del Día internacional de los museos, que se celebró el pasado día 18. Y es también el eje de las cincuenta exposiciones que vertebran esta edición de «Revela-T». La colección de fotografía «post-mortem» que aporta el Muséu del Pueblu d'Asturies incluye imágenes de distintas épocas. Son obras de cinco fotógrafos asturianos, alguno tan sobresaliente como Valentín Vega. Los otros son: Juan Evangelista Canellada, Benjamín Rodríguez Membiella, Emilio Alonso y Enrique Gómez.

En las instalaciones gijonesas hay más ejemplos de esta fotografía que ha ido ocultándose a la mirada social, quizás porque la muerte ha salido de las casas para quedar confinada en espacios determinado: desde el hospital a los tanatorios. Las fechas de las imágenes captadas por los fotógrafos citados confirman que, en efecto, la costumbre de esta fotografía mortuoria se prolongó durante unas cuantas décadas del siglo XX. Valentín Vega data en 1951, en El Entrego, una tremenda foto de los cadáveres de una madre y su bebé recién nacido.

Según explicaron ayer desde el Muséu del Pueblu d'Asturies, «del valor de esta colección da idea el hecho de que ya en 2013 Isabelle Renaudet, profesora de Historia Contemporánea de la Universidad de Aix-Marsella, publicara un estudio específico sobre estas fotografías 'post-mortem'».

Las instalaciones gijonesas tienen un total de setenta de estas imágenes, fechadas a lo largo de casi un siglo: desde 1870 a 1960. «Prueba de los extendido de esta práctica es el hecho de que, a pesar de que muchas de las fotografías integradas en esta colección son anónimas, abundan los fotógrafos profesionales que la practicaron». La fototeca del Muséu del Pueblu d'Asturies agranda su importancia para el conocimiento en profundidad de la vida y las costumbres de los asturianos.


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Danza / Cuba: Se cumple el centenario de Alberto Alonso

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Alicia Alonso, Alberto y Fernando Alonso
Alicia Alonso, prima ballerina assoluta de Cuba, flanqueada por los hermanos Alberto y Fernando Alonso (este último fue cónyuge de la también cofundadora del Ballet Nacional de la isla, al lado de ellos). (Foto: Archivo)

C iudad Juárez, Chihuahua. 23 de mayo de 2017. (RanchoNEWS).- El artista que inició el movimiento danzario profesional en Cuba, Alberto Alonso, nació en esta capital un día como ayer hace 100 años, y en 2017 varias compañías montarán una versión de su obra cumbre, Carmen. Una entrega de Pl desde La Habana.

Pionero en todo sentido, Alonso fue el primer cubano en practicar ballet académico de forma sistemática y antes que él ningún bailarín de su país había sido contratado por una compañía extranjera.

Además, creó el primer ballet cubano con temática social, Antes del alba, y volvió a hacer historia en esta isla como el primer coreógrafo en atreverse a elaborar una versión de Carmen, ese relato literario adaptado a ópera, teatro y danza, una y otra vez, en muchos sitios del planeta.

Según él mismo afirmó, el interés por el ballet nació en estrecha relación con una de sus pasiones de adolescente: la práctica de deportes.

El ballet proporcionaba al cuerpo buena preparación para jugar futbol americano, pero al principio fue una decisión compleja; pues requería ignorar no pocos prejuicios sociales de la época.

Alberto Alonso comenzó a dar los primeros pasos en la Sociedad Pro Arte Musical con apoyo de su madre, entonces integrante de la junta directiva, y en 1935, al bailar una versión de Coppelia, se convirtió en el primer partenaire de Alicia Alonso, quien –en aquellos momentos– era simplemente su vecina y compañera de juegos.

Ese mismo año, el Ballet Ruso de Montecarlo, de visita en Cuba, contrató al joven y así llegó a ser el primer bailarín clásico cubano en integrar una compañía profesional; allí tuvo de maestros a George Balanchine, Mijail Fokin, Serge Lifar, Leonide Massine y David Lichine, entre otros.

A consecuencia de la Segunda Guerra Mundial, regresó a Cuba en 1941 y comenzó entonces a explorar en el campo de la creación, tras aceptar el puesto de director de la escuela de ballet de Pro Arte Musical.

La creación de Preludios, en 1942, con música de Liszt, lo convirtió en el primer coreógrafo cubano.

El nuevo maestro celebró festivales de ballet con carácter anual, o sea, también fue el primero en convocar en su país a esos actos y para ello siempre contó con el apoyo de Alicia y Fernando Alonso, quienes –en aquel momento– estaban casados y trabajaban en el Ballet Theatre de Estados Unidos.

Por cierto, en esa compañía Alberto Alonso fue primer bailarín de carácter en 1944 y 1945, pero como tenía mucho interés en explorar el campo danzario en su país y continuar aquí un trabajo inédito, regresó a La Habana.

Estreno en una cuartería

Un gran escándalo generó el estreno de Antes del alba, el 27 de mayo de 1947, en el Teatro Auditórium, pues por primera vez un ballet aterrizaba en Cuba, pero no precisamente en los salones de las clases media y alta de la sociedad, sino en una cuartería.

La protagonista, interpretada por Alicia Alonso, se bañaba en alcohol con el fin de prenderse fuego para suicidarse luego de ser abandonada por el hombre que amaba.

El coreógrafo entendió que el drama y el emplazamiento demandaban moverse de una manera más cubana, por eso pidió a los artistas expresar con sensualidad y una libertad gestual que implicó romper con el rígido academicismo.

Con la creación de Antes del alba, Alberto Alonso llevó por primera vez a un escenario la problemática social cubana. En la pieza hizo confluir la herencia africana y los ritmos de los bailes populares mediante la técnica clásica.

Estas inquietudes personales lo llevaron al cabaret y la televisión, medios que dejarían huellas imperecederas en el coreógrafo. Sin abandonar la dirección de la escuela de Pro Arte, una vez más unió su talento al de Fernando y Alicia en la fundación de una compañía cubana de ballet con fines profesionales, el conjunto que ahora conocemos como Ballet Nacional de Cuba.

De todas sus piezas es obligatorio llamar la atención sobre El solar, porque llegó a tener una versión cinematográfica, con el título Un día en el solar, sino porque una de las grandes bailarinas del mundo, la rusa Maya Plisetskaya, la vio en Moscú.

Esa misma tarde, la diva decidió que el coreógrafo de aquella obra era la persona ideal para cumplir su sueño de tener una versión propia de Carmen.

Las creaciones de Alonso fueron numerosas y de altísimo valor, sin embargo, la crítica reconoce una obra cumbre: Carmen, donde se propuso fusionar las raíces africanas y españolas de la cultura cubana, y conquistó un éxito perdurable hasta nuestros días.

No debe ignorarse que, a lo largo de su carrera, este innovador realizó diversos montajes para múltiples compañías nacionales y extranjeras como el Ballet Bolshoi; la compañía del Teatro La Scala, de Milán; el Ballet de la Ópera de Berlín, y el American Ballet Theatre, de Nueva York, entre varias.

La muerte lo sorprendió a la edad de 91 años, el 31 de diciembre de 2007, en Gainesville, Florida, Estados Unidos, país donde eligió residir a partir de 1994, y donde trabajó de profesor de estudiantes del Santa Fe Community College Dance Program.

Su último trabajo de gran relevancia había sido una invitación del Ballet Bolshoi, en 2005, para remontar Carmen en la compañía, con la finalidad de rendir homenaje a Maya Plisetskaya.

Cuba tiene muchos motivos para recordar a este Alonso, pero aquella obra tal vez trazó un destino más allá, pues cada año, en algún lugar del planeta, el nombre de Alberto Alonso aparece en un programa de danza asociado al de esa gitana que varias compañías del país retomarán en próximos meses para rendirle merecido tributo.


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Noticias / México: Inaugura Cristina García Cepeda el Centro Estatal de las Artes de Comala

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Cristina García Cepeda
Cristina García Cepeda. (Foto: Archivo)

C iudad Juárez, Chihuahua. 23 de mayo de 2017. (RanchoNEWS).- El Centro Estatal de las Artes de Comala (CEAC) fue inaugurado ayer en Colima y es un espacio para la enseñanza y creación artística. Será sede del Centro de Formación y Producción en Artes Gráficas; el Jardín Escultórico Juan Soriano, el Museo Nacional de Escultura Sebastián y las galerías de los artistas plásticos José Luis Cuevas y Ricardo Rocha. Una nota de la redacción de Crónica.

La secretaria de Cultura, María Cristina García Cepeda, acompañó al gobernador de la entidad, José Ignacio Peralta Sánchez, durante la ceremonia inaugural del CEAC, que también contará con un centro de cultura digital, cabinas de producción audiovisual y salas de lectura.

García Cepeda dijo que la inauguración de este centro es un ejemplo de la colaboración transversal entre el gobiernos federal, estatal y municipal, para crear un nuevo recinto que se suma a los 20 centros estatales de las artes que tienen como modelo el de la Ciudad de México, inaugurado en 1994, y que han beneficiado directamente a sus comunidades. «Participamos así en la puesta al día de la infraestructura cultural del país», agregó.

«Mi reconocimiento al gobernador de Colima por impulsar y hacer realidad el Centro Estatal de las Artes de Comala», dijo García Cepeda en la inauguración del complejo. A su vez, Peralta Sánchez dijo que el Centro de las Artes permitirá unificar una oferta cultural que estaba dispersa y acercará a las nuevas generaciones a las expresiones artísticas, además de fortalecer la presencia de la simbólica ciudad de Comala como polo cultural de la región.

La secretaria de Cultura y el gobernador de Colima visitaron también el parque arqueológico La Campana, acompañados por Diego Prieto, director general del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), y el arquitecto Enrique Norten, responsable del rescate de este complejo de 95 hectáreas que fueron adquiridas en 2016 por el gobierno del Estado para garantizar su permanencia, proyecto al cual se suman cinco hectáreas que son propiedad del INAH.


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Libros / México: La versión náhuatl de «Pedro Páramo»

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Portada del libro. (Foto: RM)

C iudad Juárez, Chihuahua. 13 de mayo de 2017. (RanchoNEWS).- «Vine a Comala porque me dijeron que acá vivía mi padre, un tal Pedro Páramo»; desde su recordado inicio, la novela de Juan Rulfo presenta rasgos del náhuatl, por lo que una nueva edición bilingüe, además de acercar el texto a los hablantes de esa lengua indígena, aporta una mayor profundidad a la obra, informa la agencia EFE desde la Ciudad de México.

La edición, publicada por la editorial RM y enmarcada en el centenario del natalicio del escritor mexicano (1917-1986), presenta junto al texto original la traducción del lingüista y profesor Victoriano de la Cruz.

El libro «tiene un reto para los hablantes del español: que puedan acercarse un poquito más a la traducción de esta literatura», valora el lingüista en entrevista con EFE.

Algo que está más cerca de lo que estos lectores piensan, ya que hay «más de 4 mil 500 palabras que se usan en el español mexicano provenientes de raíces náhuatl», subraya.

La traducción de Pedro Páramo da fe de este aspecto. Para empezar, Comala (lugar de los comales) es un término que viene del náhuatl, al que se suman otras palabras que remiten a objetos cotidianos, como «papalote» (cometa), o el nombre del personaje al que llaman «el Tilcuate».

Además, el profesor relata que en algunos pasajes encontró «ciertas estructuras propias de los pueblos», por ejemplo, en los casos de «chiquitito o mi agüita». «Ciertos diminutivos se adaptaban perfectamente a la lengua náhuatl», asegura.

Aun así, De la Cruz tuvo la dificultad de encontrar palabras que no tienen su equivalente en el náhuatl, sobre todo las relacionadas con la religión, como «amén», «purgatorio» o Jesucristo.

Tampoco hay que olvidar, apunta, que «el español se considera como una lengua analítica», que separa las diferentes palabras, mientras que el náhuatl es «aglutinante», por lo que hubo ciertos problemas para «hacer el calco totalmente del español».

La edición viene con un prólogo del escritor Heriberto Yépez, quien considera que la traducción al náhuatl era una «labor pendiente» y que va a «ayudar a entender» la novela desde otra lengua.

Pese a que se suele pensar que con las traducciones se «pierde» parte del texto original, Yépez considera que se aprende de «un autor a través de las traducciones que se hacen».

En este caso, con una traducción literaria de Pedro Páramo al náhuatl «tenemos un nuevo material para seguir entendiendo cuál es la relación de Rulfo con el habla indígena, campesina, mestiza».

Y es que cuando se compara el texto original con el náhuatl se ven coincidencias en la forma de expresarse y de hacer poesía, como ocurre con la reiteración de las frases y las palabras o con la relación que se traza entre ciertos animales o plantas con lo humano.

Es una «obviedad» señalar la influencia que tuvo en Rulfo el habla popular; sin embargo, hacer planteamientos sobre la influencia indígena que recibió todavía sigue siendo algo «incómodo» y no se ha explorado lo suficiente, por lo que esta traducción «reaviva» esta cuestión, valora el escritor.

Para Yépez, este volumen genera una «nueva poesía»: «Es muy bello leer a Rulfo así, para mí incluso es conmovedor, emocionante, este encuentro de mundos, porque el náhuatl es una lengua especialmente poética».

De la Cruz, quien fue el responsable de proponer la traducción a la Fundación Juan Rulfo, lamenta que, «quizá por falta de sensibilidad», no se está trabajando en hacer las versiones al náhuatl de textos literarios.

Y es que, opina, «muchas personas tristemente han desprestigiado o no quieren conocer nada de la literatura en lenguas indígenas», pese a que el náhuatl, por ejemplo, cuenta con más de millón y medio de hablantes.

Las editoriales deberían «apostarle» a la traducción a lenguas indígenas, ya que «al final de cuentas, México es un país multilingüe, multiétnico», reflexiona.

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Textos / Élmer Mendoza: Celebrar a Rulfo

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El autor de Pedro Páramo. (Foto: Archivo)

C iudad Juárez, Chihuahua. 23 de mayo de 2017. (RanchoNEWS).- Rulfo cumplió 100 años y está más vivo que nunca. Sigue en la polémica, las preguntas y en los estudios universitarios. También en las cantinas, las carreteras y en los ojos de mujeres hermosas. El bato tenía lo suyo. Vivió para que lo contáramos y hay un buen número de autores mexicanos y del mundo que disfruta sus textos lo mismo que especular sobre sus misteriosos laberintos de tiempo. Autores que reconocen sus enseñanzas, su leyenda y esa manera tan propia de vivir y convivir con un asedio que siempre manejó con maestría. Saludos al tío Celerino.

Entre las instituciones que organizaron homenajes está la Universidad de Guadalajara. Así, invitado por Patricia Córdoba y autoridades de los Centros Universitarios de Ciencias Sociales y Humanidades, y del Sur, el 16 de mayo pude compartir mi admiración por el maestro jalisciense, mi relación con su fantasma y con la tremenda secuela entre quienes cuidan y descuidan su nombre, que es más espesa que su sombra. Hijos de la rechintola. La inauguración de este homenaje académico realizado en la Facultad de Literatura corrió a cargo de Fernando del Paso, quien tomaba café y fumaba con Rulfo cada vez que se encontraban en el Centro Mexicano de Escritores. Don Fernando nos contó de un Rulfo conversador, lector compulsivo y dueño absoluto de sus emociones. Al final de su intervención, preguntó al fantasma de don Juan si le apetecía un café y un cigarrito, hubo amorosas risas, luego, los dos abandonaron el recinto como si tal cosa.

Escuchar a Fernando del Paso hablar de Juan Rulfo es un enorme privilegio, y así lo entendimos los que colmamos el auditorio de la Facultad de Literatura. Luego los invité a ver recorrer lomas a Juan Preciado con Abundio Martínez hasta llegar a Comala, donde el arriero aconsejó al hijo de Doloritas buscar a Eduviges Dyada para que le diera alojamiento. Esta escena de Pedro Páramo es la puerta de entrada a una obra maestra. Les conté a los presentes lo difícil que fue detectarla y reconocerla, el ejercicio superior de escuchar las múltiples voces y adjudicarlas a los personajes que igual entraban que salían. A los mexicanos nos cuesta reconocer las virtudes de otros mexicanos. Y no era el tema, la vida rural era y es una herida abierta en este país, era la forma: capítulos breves, poesía, personajes en el filo de la navaja, el monólogo interior, la eliminación de la línea épica, el lenguaje como instrumento de identificación de una región y de una época, la que nos traía otros sueños. Pedro Páramo se convirtió en una marca en la literatura hispanoamericana. No fue algo inusitado, fue algo que ocurrió poco a poco y la huella que iba dejando era como la que la venganza del cacique dejó en Comala.

En los 70, la fama de la novela y del libro de cuentos El Llano en Llamas era absoluta. En la UNAM hablábamos de Pedro Páramo como ahora hablan de futbol. Mis amigos que iban a otras universidades, al Poli o al Tec, no temían confesar la manera en que una novela tan mexicana les había sacudido su forma de leer. Los lectores de Russell, Marcuse, Chardin, Sartre, Borges, Carmichael y Bernal intentaron descubrir la matrix de pensamiento del autor y llegaron a la conclusión de que la literatura es un reino de reglas móviles pero no tanto, y que el universo del placer de leer sin condicionamientos es como acariciar los labios abullonados de Susana San Juan y encontrar que son los de la mujer de nuestros sueños.

Al concluir mi conferencia, siete jóvenes me confesaron que querían ser tan seductores como Miguel Páramo. Tres chicas prometieron amar el agua tanto como Susana San Juan y un par de cosas más. Un afilador de cuchillos tocó el silbato pero nadie se le acercó. Juan Rulfo nos convoca cada que le da la gana a recordarlo. Eduardo Antonio Parra y yo lo encontramos horas después en El Farallón de Culiacán; le preguntamos, ¿Cómo está, maestro? Dijo que bien. Lo hacía con Fernando del Paso bebiendo café y fumando cigarritos. Estuve bebiendo café pero no fue con él, fue con Campbell, Del Paso tardará mucho en llegar. En ese momento arribó Leonor para responder: Y nosotros tardaremos aún más, maestro, don Juan hizo un gesto afirmativo y agradeció al mesero que en ese momento le sirvió su bebida favorita. Nosotros continuamos conversando de Fulgor Sedano, Emanuel Carballo, Damiana Cisneros, Alí Chumacero, Inés Villalpando y de las piedras que hace unos años recogió Nick Pureco del patio frontal de la Media Luna. Ahora digamos salud por el maestro; vamos, no digan que después porque les cae el ánima de Sayula.

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Textos / «Sombras de bulto bello» por Alberto Manguel

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Tim Burton
Fotograma de Alicia en el país de las maravillas (2010), de Tim Burton. (Foto: Archivo)

C iudad Juárez, Chihuahua. 19 de mayo de 2017. (RanchoNEWS).-Simbad sería hoy refugiado, y Rastignac banquero 'offshore'. Una reflexión sobre la perenne actualidad de los personajes literarios. Alberto Manguel indaga sobre esto en el texto que publica en Babelia de El País.

Las guías de turismo ofrecen recorridos de los arduos caminos de Ulises y del Quijote. Vetustos edificios albergan la alcoba de Desdémona y el balcón de Julieta. Una aldea colombiana dice ser el verdadero Macondo de Aureliano Buendía y la isla de Juan Fernández se ufana de haber recibido hace siglos a aquel singular colonialista, Robinson Crusoe. Durante años, la oficina de correos británica debía ocuparse de la correspondencia destinada al señor Sherlock Holmes de 221B Baker Street, mientras que el desalmado Charles Dickens recibía un sinfín de cartas injuriosas por hacer morir a la pequeña Nell en una de las últimas entregas de La tienda de antigüedades. La biología nos afirma que somos descendientes de seres de carne y hueso, pero, íntimamente, nos sabemos hijos del sueño, del papel y de la tinta. Hace varios siglos, Luis de Góngora los definió así: «El sueño, autor de representaciones, / en su teatro sobre el viento armado, / sombras suele vestir de bulto bello»

Por cierto, los lectores del mundo entero dicen venerar las sombras de Cervantes y Shakespeare, pero éstas, inmortalizadas en retratos imaginarios y solemnes, son menos tangibles que las de sus inmortales criaturas. Conocemos las complejas pasiones de Dido y de Eneas mucho mejor que las intimidades del señor Virgilio, a menos que estas últimas nos hayan sido reveladas por un Dante o un Hermann Broch. Los lectores lo hemos sabido desde siempre: los sueños de la ficción engendran las verdades de nuestro mundo.

La ficción, cuya forma escrita fue inventada por algún secreto antepasado nuestro hace más de 5.000 años en un lejano desierto, posee al menos dos características extraordinarias. La primera es aquella que nos permite transmitir, de manera inmediata y con la menor ambigüedad posible, una cierta información práctica y precisa. La segunda es, paradójicamente, casi el reverso de la primera: una vasta ambigüedad que no limita a una sola interpretación la información recibida. Al contrario. Esta ambigüedad nos permite transmitir, en la historia del Swann de Proust, la angustia de saber que ningún conocimiento del pasado es suficiente, que la fuerza de la juventud no dura más que un instante, que toda elección comporta una pérdida y, sobre todo, que ese mismo lenguaje que cuenta la memorable historia no podrá contar nunca la plenitud de esa historia. Esta segunda característica del lenguaje requiere, en quien lo desen­traña, lo escucha o lo lee, un misterioso arte que podemos llamar lectura profunda y que nos permite reconocer, en los personajes que amamos, nuestras propias identidades.

Enracimados en su historia, los personajes de ficción no se contentan, sin embargo, con los límites que las cubiertas de un libro les imponen, por breve que sea su espacio. Hamlet nace ya hombrecito en los almenajes de Elsinore y fallece entre un cúmulo de cadáveres en una de las lúgubres salas del castillo, pero generaciones de lectores han rescatado los eventos de su infancia freudiana y sus sucesivas e inau­ditas transformaciones políticas. Así Hamlet se ha convertido en paladín del Tercer Reich, en héroe de los existencialistas, en hermano gemelo de Edipo. Cada personaje se expande dentro de la inmortalidad que le hemos concedido. Pulgarcito ha crecido, Elena se ha vuelto una anciana desdentada, Rastignac trabaja en un banco offshore, Artemio Cruz ha plantado pica en otros países de América Latina, Simbad vive en una casucha de refugiados en la playa de Lampedusa, Kim ha sido reclutado por el Ministerio de Asuntos Exteriores británico y la Princesse de Clèves se ha visto obligada a hacer la cola en una oficina de empleo. A diferencia de sus lectores, sin embargo, que envejecen y nunca vuelven a ser jóvenes, los personajes imaginarios son, al mismo tiempo, quienes fueron cuando los leímos por primera vez, y también el fruto de nuestras nuevas lecturas. Todo personaje se reconoce en Proteo, aquel dios del mar a quien Neptuno concedió el poder de transformarse en cualquiera de las formas del universo.

No todos los personajes de la literatura son los compañeros de todo lector; sólo los que más queremos nos siguen a lo largo de la vida. En mi caso, no siento los problemas de Renzo y Lucia, de Mathilde de la Mole y de Julien Sorel como míos; me sé más cerca del Capitán Nemo y del melancólico Monsieur Teste. Mis amigos más íntimos son otros: el Hombre Que Fue Jueves me ayuda a sobrevivir el absurdo de cada día de la semana; Príamo me enseña a llorar la muerte de amigos más jóvenes y Aquiles la de mis queridos mayores; Caperucita y Dante me guían a través de los oscuros bosques del medio del camino de esta vida; ese amigo de Sancho, el exilado Ricote, me permite entender algo de la miserable suerte de los refugiados. ¡Y hay tantos otros!

Las nuevas tecnologías nos proponen la amistad constante de cientos de miles de seres que pueden ser (o tal vez no) inventados. Estas volátiles relaciones, nos dicen las grandes compañías mercantiles, deben bastarnos para ser felices. Sin embargo, a pesar de su poderosa insistencia, estos amigos virtuales no son los que nos acompañan en nuestras soledades. Podemos intercambiar con ellos patéticas nimiedades, pero, si somos lectores, no son los habitantes de Facebook quienes nos esclarecen y advierten y consuelan.

En la lejana infancia de mi generación, mis compañeros de juego fueron Alicia y Pinocho, Sandokán y Fantomas; es más probable que a los niños lectores de hoy los acompañen Harry Potter y los monstruos de Maurice Sendak. Todos estos personajes son tan fieles que poco les importan nuestros achaques y flaquezas. Ahora que mis huesos apenas me permiten alcanzar los libros de las estanterías más bajas, Sandokán sigue llamándome a la aventura y Fantomas me sigue incitando a vengarme de los necios, mientras que Alicia, con mucha paciencia, vuelve a contarme el mundo a través de ese espejo que sin duda me tocará atravesar dentro de poco, y Pinocho continúa preguntándome por qué no basta ser aplicado y honesto para ser feliz. Y yo, tal como me ocurría allá lejos y hace tiempo, sigo sin encontrarle una respuesta.

En esta época en que las mentiras son consideradas verdades alternativas, y la supuesta información fidedigna, el producto de un capricho, festivales como éste afirman y reafirman esas ficciones verdaderas, esas amistades perdurables y necesarias, tanto para nosotros como para las generaciones por venir.


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Música / Ciudad Juárez: «El dúo de la africana» con el Ensamble Coral Universitario

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Ensamble Coral Universitario
Ensamble Coral Universitario. (Foto: Archivo)

C iudad Juárez, Chihuahua. 19 de mayo de 2017. (RanchoNEWS).-La Dirección General de Difusión Cultural y Divulgación Científica de la UACJ, por medio de la Subdirección de Arte y Cultura, invita a la presentación del Ensamble Coral Universitario, con El dúo de la africana, bajo la dirección artística de Jessica Peña y la dirección escénica de Virginia Ordóñez.

La cita es el 25, 26 y 27 de mayo a las 19:30 horas, en Teatro Gracia Pasquel. Entrada libre.

REPARTO:

La Antonelli (Soprano) - Sandra Cohen
Giuseppini (Tenor) - Raúl Alejandro Suárez
Querubín (Tenor) - Eduardo Jasso
Amina - Tania Ivette González
Serafina- María Luisa López
El Bajo - Luis Felipe Sánchez Martínez
Pérez (Tenor) - David O. Olivas De La O
Inspector - Rodrigo Sánchez
Personajes incidentales: Vicente González, Maricarmen Mata, Juan Luna.

Sinopsis de la obra: El argumento se basa en una anécdota simple: las relaciones sentimentales entre los actores de una compañía con escasos recursos económicos que canta ópera extranjera. El empresario, que sólo habla italiano, y es muy avaro, está casado en segundo matrimonio con la tiple, una mujer joven y hermosa a la que llaman Antonelli. El tenor Giuseppini -de lo más escogido de la «aristocracia de Belchite»-, está en la compañía por su amor a la tiple. Pero la situación se complica con otra circunstancia sentimental: el bajo está enamorado de Amina, hija del empresario y su primera esposa. Durante los ensayos de la ópera LA AFRICANA hay escenas amorosas entre Giuseppini y La Antonelli; aprovechan el momento del dúo del acto IV de la ópera para mayor efusividad.

Sobre la Mtra. Jessica Peña Sánchez: Realizó sus estudios de licenciatura en Pedagogía Musical por la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla; Sociología por la Universidad Autónoma de Ciudad Juárez; y Música: Ejecución Vocal en la Universidad de Texas en El Paso, así como la Maestría de Artes en Estudios Interdisciplinarios. Como directora se ha desempañado en el Ensamble Coral Universitario de la UACJ y en el Coro de la diócesis de Ciudad Juárez: Canta y Camina voz en el desierto. Además, tuvo bajo su cargo la dirección vocal para el Concierto de Navidad del Coro Voces de Cristo con la Orquesta Sinfónica de El Paso; la comedia musical Vaselina, Producciones Julissa de Llano y Hip Jazz; y la obra musical Loco Por ti, producción de Angélica Vaca. Ha formado parte del Ensamble Universitario de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla, Ensamble Coral Santo Domingo de Guzmán y Coro Universitario en la Universidad de Texas en El Paso.


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Cine / Francia: Michael Haneke presenta «Happy End»

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 A. JONES
El cineasta austriaco Michael Haneke asiste a la rueda de prensa de la película Happy End, durante la 70 edición del Festival Internacional de Cine de Cannes (Francia). (Foto: A. Jones)

C iudad Juárez, Chihuahua. 22 de mayo de 2017. (RanchoNEWS).- Michael Haneke pasea por el festival de Cannes como si fuera su casa. En realidad podría ser su segunda residencia. Toda su carrera ha estado ligada al certamen. Desde sus dos primeras películas, El séptimo continente y El video de Benny, que participaron en la Quincena de Realizadores, a las dos últimas, La cinta blanca y Amor, que ganaron sendas Palmas de Oro. Él se ríe. No es hombre muchas palabras, prefiere que las películas sean las que cuenten sus propias historias. Y en Happy End muestra el derrumbe de una familia de la alta burguesía francesa, un grupo con sus divorcios, sus soledades, sus hijos abandonados… y rodeados de la última oleada de refugiados, ya que viven en Calais. Gregorio Belinchón escribe para El País.

Haneke ha rodado por cuarta vez con Isabelle Huppert y por segunda ocasión con otra leyenda del cine francés, Jean-Louis Trintignant, que a sus 86 años se explayó acerca de lo feliz que es trabajando con el cineasta: «Siempre es un placer trabajar con Michael. Es muy bueno en la exploración psicológica, es un director muy preciso». Sobre el final, abierto, en el que acaba sumergido en el mar, el actor explicó: «Lo filmamos en tres días y es muy ambiguo. Michael decidió que sería así, y yo por tanto también estoy contento», antes de empezar a reír. A su lado, Haneke completó la descripción. «El agua estaba fría, el mar le congelaba, y no estábamos seguros de que alcanzara potencia visual». Lo que el actor remató: «Pedí a los productores que grabáramos el final ya en Cannes, que el tiempo sería mejor y así estaríamos fijo aquí».

Haneke hizo alguna descripción más detallada de su manera de trabajar. Por ejemplo, con la violencia, y a que en la película hay distintos momentos explosivos y un gran accidente laboral: «En mis películas siempre hay tomas largas. No me gusta mostrar la violencia en primeros planos, para mí la distancia es la manera correcta de mostrarla». En Happy End hay una presencia constante de las redes sociales, que el cineasta ha explicado así: «El mundo ha cambiado muchísimo en los últimos 20 años. Se ha sumergido en aguas turbulentas. No se puede describir el mundo actual sin las redes sociales, pero no es el tema de la película». Aunque después apuntó: «Las redes sociales no son la vida real. Su superficialidad marca las relaciones actuales».

Curiosamente, cuando acabó Amor, el director escribió un guion que sí tenía que ver con las nuevas formas de comunicación, Flashmob. «Perdí dos años en ella, y decidí no hacerla, no lo vi claro. Es cierto que algunos detalles de aquel guion están en este». El director escribe muy rápido los guiones, y pronto tuvo uno nuevo: «Decidí tirar hacia adelante. Junto los caracteres, sus vivencias, y creo la trama. No es tan fácil como parece porque en realidad no hay grandes sorpresas ni trucos en Happy End. Pero sí quería que quedaran claras las líneas que sobrevuelan el argumento. Mi apuesta es enseñar lo menos posible para que sea la imaginación del espectador quien complete el filme».

Esos huecos a rellenar por los espectadores son los que llevan a Haneke a rechazar muchas preguntas. Cuando le pidieron que ahondara en la secuencia en la que un grupo de refugiados subsaharianos acaba comiendo en una celebración familiar, cortó la cuestión: «No quiero responder sobre los inmigrantes, porque es usted quien tiene que responder esa pregunta. Yo coloco pistas para el espectador, y él tiene que encontrar sus respuestas». Lo mismo hizo cuando el moderador le pidió a una actriz que comentara su personaje, poco dibujado en pantalla: «No describas tu personaje, esa una pregunta horrorosa que nunca se puede hacer». Tampoco el reparto -al completo- que le rodeaba, entre ellos Mathieu Kassovitz, Toby Jones o Isabelle Huppert, aportó mucho más que un «Qué placer es trabajar con Michael, siempre estaré con él cuando vuelva a llamarme».

Michael Haneke sí hablo más de su trabajo con el director de fotografía, y tras un largo discurso, resumió, volviendo a su famosa precisión trabajando: «En un rodaje me gusta que me sorprendan los actores, no los aspectos técnicos».


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Literatura / Nicaragua: Hoy se inaugura la quinta edición del festival literario «Centroamérica Cuenta»

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Sergio Ramírez y Claudia Neira
Sergio Ramírez y Claudia Neira, presidente y directora del encuentro, en ese orden. (Foto: Cortesía del encuentro)

C iudad Juárez, Chihuahua. 22 de mayo de 2017. (RanchoNEWS).- Con la presentación de una antología de autores centroamericanos, en una edición bilingüe francés-español, y la premiación del certamen de cuento breve Carátula 2017, hoy se inaugura en Managua, Nicaragua, el quinto Encuentro de Narradores Centroamérica Cuenta, que se realizará hasta el 26 de mayo. Una nota de la redacción de La Jornada.

La fiesta de las letras reunirá a más de 90 escritores de 19 países, quienes compartirán reflexiones sobre migración, diáspora y diversidad bajo el lema Nosotros los otros.

Se trata del acto literario más importante de la región centroamericana, que a lo largo de sus cinco ediciones ha permitido crear un espacio de reflexión y diálogo. De 2012 a la fecha se han dado cita ahí más de 300 narradores hispanoamericanos.

Centroamérica Cuenta está orientado a promover el arte y la literatura, así como a sus creadores, para reflexionar sobre la identidad, la realidad centroamericana, proyectar y difundir la cultura de la región, especialmente su narrativa, explicó el escritor Sergio Ramírez, presidente y principal promotor del festival.

Entre los participantes de esta fiesta de las letras están los cubanos Leonardo Padura y Jorge Perugorría, escritor y actor de cine, respectivamente; Ángeles Mastretta, Jorge Volpi, Héctor Aguilar Camín y Álvaro Enrigue, de México; Sandra Cisneros, de Estados Unidos; Piedad Bonnett, Pablo Montoya y Alberto Salcedo Ramos, de Colombia; Marta Sanz, Ricardo Menéndez Salmón y Luis Leante entre los nueve escritores españoles; Carlos Franz de Chile; Daniel Alarcón, Renato Cisneros y Alonso Cueto, de Perú; Eduardo Sacheri, Andrés Neuman y Leila Guerriero, de Argentina, y escritores consagrados y emergentes de la región como Rodrigo Rey Rosa, Anabela Giracca y Miguel Huezo Mixco.

La iniciativa también facilita la interacción de los narradores con diferentes audiencias a través de conversatorios, simposios, talleres de formación, presentaciones de libros, un ciclo de cine y visitas a colegios y universidades, que podrán seguirse vía streaming.

A las cinco de la tarde, hora de Managua, se presentará el libro Frente al volcán, de Maarten Roest, y en otro espacio se realizará una mesa de diálogo en torno a la obra de los franceses Albert Camus y André Malraux.

En coordinación con la Fundación Gabriel García Márquez para el Nuevo Periodismo Iberoamericano (FNPI) se celebrarán los 50 años de publicación de la novela Cien años de soledad. También habrá actividades dedicadas a recordar el centenario del nacimiento de Juan Rulfo (1917-1986) y de Augusto Roa Bastos (1917-2005).


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Cine / Francia: Clint Eastwood da una clase magistral en Cannes

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 ANNE-CHRISTINE POUJOULAT
Clint Eastwood, antes de la clase magistral que ofreció ayer en el festival de Cannes.  (Foto: Anne-Christine Poujoulat)

C iudad Juárez, Chihuahua. 22 de mayo de 2017. (RanchoNEWS).- Cargado de hombros, algo sordo y desastrado, con pocas ganas de hablar. Pero con chispa en los ojos, y midiendo sus palabras, proclamadas con su perenne tono juvenil. El próximo día 31 Clint Eastwood cumplirá 87 años, y el festival de Cannes le ha rendido homenaje invitándole a dar una lección de cine, que el actor y director encajó primero en su calendario de torneos de golf antes de confirmar su presencia. A estas alturas Eastwood no debe demostrar nada a nadie y su acto en Cannes fue un ejemplo: prefirió una conversación con el periodista estadounidense Kenneth Turan, otro viejo veterano, que le fue soltando preguntas amables sobre su carrera y su vida, pelotas blandas que el cineasta bateó con elegancia y economía de esfuerzo. Escribe Gregorio Belinchón para El País.

La economía de esfuerzo ha sido una constante en su carrera. Como algunos de sus mentores, Eastwood prefiere rodar rápido. «Me gustan las primeras tomas porque nunca lograrás igualar la sorpresa de oír por primera vez un diálogo. Algunos de mis maestros, como Don Siegel, lo hacían así. Por eso tampoco me gustan los ensayos, porque si repites muchos los diálogos, se vuelven monótonos», contaba sentado con cierta desgana y constante sonrisa. «El análisis lleva a la parálisis, decía Don. Él era muy eficiente… claro que siempre se quejaba de los productores». Sergio Leone, aunque muy distinto en su puesta en escena, también corría. «Rodaba rápido porque pensaba rápido. En realidad, yo estuve durante los años cincuenta haciendo papeles de cualquier tamaño tanto en cine como en televisión, y ahí aprendí mucho de directores como Tay Garnett», el realizador de El cartero siempre llama dos veces.

En una abarrotada sala Buñuel, con los jefazos de Warner —el estudio para el que lleva trabajando décadas— en primera fila, el cineasta recordó algunos de sus títulos. Por ejemplo, Sin perdón, que el sábado se volvió a proyectar en el certamen francés con una copia restaurada. «Disfruté mucho viéndola, y descubrí alguna cosa que había olvidado. El guion me llegó como muchos otros en los ochenta, pero este me pareció perfecto para ser mi último western, estaba bellamente escrito por David Webb Peoples», aseguraba. Sin embargo, durante casi una década el libreto vivió encerrado en un armario: «Un lector de guiones de mi productora lo odió. Por suerte, no le hice caso y al final la rodé».

Eastwood empezó a actuar en el instituto, cuando como parte de los deberes actuó en una obra: «Había un personaje… No era retrasado aunque sí algo lento, y el profesor me dijo que era perfecto para mí. Al acabar todos me felicitaron. Sin embargo, pedí no volver a hacerlo. En fin, seguí estudiando interpretación, había chicas guapas...». De su niñez recordó que nació durante la gran depresión, de la que no fue consciente hasta los seis o siete años. «Mi padre era gasolinero, íbamos de allá para acá», rememoraba. Como todos los niños quería estar en un wéstern y montar a caballo, «ser como James Stewart, Gary Cooper o John Wayne». ¿Por qué es tan atractivo este género? «Porque te transporta a otra época en la que un individuo podía valerse solo por sí mismo, una fantasía hoy casi imposible».

Fichó por la serie Rawhide en 1959, y un día su agente le propuso irse a Italia a filmar una versión en western de una película japonesa. «Por supuesto dije que no. Pero él insistió en que me leyera el guion. ¡Descubrí que era Yojimbo, yo, un fan de Kurosawa! Acepté Por un puñado de dólares. Sergio hizo wésternes fantásticos muy operísticos. Tenía gran ojo para las caras. A mí en realidad me ha ido muy bien con los directores europeos».

Eastwood empezó a dirigir con Escalofrío en la noche (1971), por la que no le pagaron doble sueldo. Y llegó Harry el Sucio. «Le dije a Don que era muy incorrecta. Supongo que llevar grandes armas es la realización del sueño de cualquier niño, aunque hoy no sea bien visto. Nos estamos matando haciendo esto, hemos perdido el sentido del humor».

De El seductor, película de la que Sofia Coppola presenta en dos días en Cannes otra adaptación, solo apuntó: «Es el primer filme con el que hice un tour mundial de promoción». Apenas apuntó respuestas a preguntas sobre Fuga de Alcatraz, Bronco Billy, Mystic River, Los puentes de Madison o Million Dollar Baby. Sí confesó que, tras seis participaciones en Cannes y un solo premio, nunca le ha importado no estar en el palmarés. «Yo he sido presidente del jurado y sé lo complejo que es poner a todos de acuerdo. Yo vi Caro Diario y pensé que era un coñazo, y en cambio fue un éxito. No hay que tomarse demasiado en serio las cosas. Como director igual, intento ser liviano, no gritar. Me gustaría trabajar como los del servicio secreto, que les oyes hablar en bajo, y no sabes a quién».

El cineasta contó que le gusta trabajar —aunque más el golf— y ya está con la siguiente película, The 15:17 to Paris, sobre los turistas estadounidenses que redujeron a un terrorista e impidieron un atentado en un tren en agosto de 2015 que iba de Ámsterdam a París. «Pero no quiero avanzar mucho, más allá de que el material es interesante [expresión que repitió a lo largo de la charla constantemente]».

Sobre el cine, dejó claros sus pensamientos: «Las películas tienen que ser emocionantes, porque no es un arte intelectual. Aunque cada uno tiene su estilo y es respetable». Solo «algunas veces» echa de menos actuar, y no le parece duro dirigir «si el material es interesante». No ve cine actual porque trabaja mucho, y sí le gusta recuperar de vez en cuando El crepúsculo de los dioses, de Billy Wilder. «A mis hijos actores le aconsejo que siempre lo hagan lo mejor que puedan, y que repitan y repitan… pero no me hacen mucho caso». La última pregunta fue abierta: ¿quería contar algo de otra película o de algo que se hubiera olvidado? «La verdad es que no».


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Literatura / España: Conversación entre Mario Vargas Llosa, Arturo Pérez-Reverte y Javier Marías

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De izquierda a derecha: Pilar Reyes, Javier Marías, Arturo Pérez-Reverte y Mario Vargas Llosa en el restaurante madrileño El 38 de Larumbe. (Foto: ABC)

C iudad Juárez, Chihuahua. 22 de mayo de 2017. (RanchoNEWS).- Piense en tres escritores de lengua española contemporáneos. Es casi imposible que no surja en su mente alguno de los tres protagonistas de estas páginas. Mario Vargas Llosa, Arturo Pérez-Reverte y Javier Marías son, probablemente, nuestros tres autores más universales. Por eso, nada como reunirlos para celebrar el inminente inicio de la Feria del Libro. Pasión, memoria y sabiduría conviven en esta conversación única entre tres grandes de las letras españolas, informa la Redacción de ABC.

Si, en lugar de leerla, pudiera usted escuchar esta conversación entre estos tres escritores, no lo dude, en su mente quedaría fijada para siempre la risa de Mario Vargas Llosa. El Nobel de Literatura celebra a carcajadas contagiosas, vitales, clave quizá de su lucidez a los 81 años, los comentarios maliciosamente cariñosos que Arturo Pérez-Reverte le lanza a su amigo y colega Javier Marías y la elegancia con la que este los recibe. Palabras como complicidad y respeto, totalmente mutuo, sobrevuelan al aperitivo por el comedor privado de El 38 de Larumbe, el restaurante madrileño donde estos tres académicos de la RAE –sillas L, T y R– se disponen a almorzar. Dos palabras omnipresentes que van dejando espacio, de forma progresiva, a otras como pasión, trabajo, lecturas, memoria, infancia, educación, machismo, elitismo, pesimismo y otros ‘-ismos’; o a nombres como Flaubert, Stendhal, Hitchcock, John Ford e incluso Pokémon, por adelantar algunos. Surgida a modo de celebración previa de la Feria del Libro –arranca el próximo viernes en Madrid–, esta cita única es, de algún modo, un homenaje a quienes aman la lengua, la literatura y, al igual que Vargas Llosa, Marías y Pérez-Reverte, entienden el placer de leer como «una experiencia privilegiada» sin la cual nuestra sensibilidad y nuestra fantasía quedarían gravemente dañadas. De la mano de la colombiana Pilar Reyes, editora de Alfaguara y, a la sazón, una de las personas que mejor conoce la intimidad literaria de estos tres autores de novelas, relatos, ensayos, artículos, obras de teatro y otros artefactos literarios, la conversación arranca inquiriendo sobre sus respectivos hábitos de escritura. Toma la palabra Mario Vargas Llosa.

Mario Vargas Llosa. Bueno, yo escribo a mano, siempre. Incluso los artículos, fíjate. El ritmo ese de la mano es el que más me conviene. Escribo en la mañana, y en la tarde paso a la computadora, pero todo a mano. Hay días en que uno trabaja muchísimo, diez páginas quizá, aunque quedes muy extenuado, y otros en que la cosa sale a regañadientes. No importa, yo me siento y, aunque tenga como náuseas, ahí estoy.

Arturo Pérez-Reverte. ¡Claro, somos profesionales! Yo, de hecho, me lo tomo como ir a la oficina. Me levanto y, tenga o no ganas, me siento al ordenador.

Javier Marías. Yo siempre escribo a máquina y, además, página a página. Trabajo cada una hasta la extenuación, hasta darla por buena, aunque eso me obligue a teclear cada una cinco veces. Pero me funciona. Me voy acostumbrando a ella, la voy asimilando y, además, no releo nada hasta que he finalizado la novela.

Vargas Llosa. ¡Escribes a máquina! Y tendrás una buena reserva de cintas, porque…

Marías. Bueno, hay una papelería cerca de casa que me las trae. Siete cada vez.

Pilar Reyes. ¿Y cómo son sus rutinas?

Pérez-Reverte. Yo me levanto y estoy hasta las dos, dos y media. Por la tarde reviso y lo dejo listo para el día siguiente. Escribo seis horas cada día…

Marías. ¿Tú? ¡Qué va, qué va! ¡Pero si viajas casi todos los días de tu vida!

Pérez-Reverte. ¿Qué quieres decir, que las novelas me las hace un negro? [Se ríen a carcajadas]. Lo que pasa es que me disciplino mucho, no como tú. Es que Javier se acuesta tardísimo. Le llamas a las doce y no existe, no es persona. ¡Es un vegetal!

Marías. Pero bueno, ¿qué mérito hay en madrugar? Yo duermo lo mismo -de cuatro a once o un poco más- y trabajo por las tardes.

Vargas Llosa. ¡Te acuestas a las cuatro! Yo no, yo siempre me levanté muy temprano, desde chico. Duermo cinco horas y media lo más y me voy al gimnasio. Una hora. Todos los días.

Pérez-Reverte. Así está como está el tío [se ríen]. Por cierto, Mario, de Javier ya lo sé, pero tú, cuando estás con una novela, ¿te vitaminas con libros, con autores que te crean estado de ánimo?

Marías. ¿Te refieres a lo que dijo Faulkner en aquella entrevista a la Paris Review, que lo primero que hacía era leer unas páginas de la Biblia para ponerse a tono?

Pérez-Reverte. Sí. A mí me pasa con Conrad. Cuando estoy que necesito, no inspiración: vitaminas, energía, ganas de trabajar, por la tarde leo una o dos horas de Conrad y me dan ganas de seguir siendo escritor.

Vargas Llosa. Dirás que es algo un poco perverso, pero ¿tú sabes qué me levanta el ánimo? Cuando estoy desmoralizado leo el suicidio de Madame Bovary, que se toma el arsénico en el cafarnaum y hay esa descripción absolutamente genial donde se le va descomponiendo la cara, ¡hasta que le salta la lengua! La perfección de esa escena atroz, la belleza de la descripción tan precisa…

Marías. A mí Shakespeare me resulta realmente fértil. Abres algo al azar y encuentras frases enigmáticas que ves que deben de tener un recorrido…

Pérez-Reverte. Es que hay autores que te dejan puertas entornadas que tú tienes que abrir. Por eso releer es tan importante. Tu corazón y tu cabeza han cambiado y el libro es nuevo.

Vargas Llosa. Y, de pronto, descubres cosas que se te pasaron… En todas las obras maestras encuentras más cosas de las que viste en la primera lectura.

Pilar Reyes. Tú decías, Javier, que no podrías volver a leer a Faulkner.

Marías. Sí, le tengo un poco de miedo…

Vargas Llosa. Yo nunca he podido releer la trilogía de Los tres mosqueteros. No me he atrevido, fíjate, porque fue una lectura tan fundamental que tengo miedo de que no sea ya lo que fue para mí. ¡Me cambió la vida!

Marías. Pues es tan buena que, incluso literariamente, es mejor de lo que probablemente crees que es.

Pérez-Reverte. Para un joven lector es EL libro. Lo he leído varias veces. La última hará unos cinco años. Aún me emociono y se me moja el lagrimal con la muerte de Portos en la gruta de Locmaria, cuando dice: «Es demasiado peso».

Vargas Llosa. ¡Oh, sí! Y lo que dice el narrador. «Es la primera vez que pensó en lo que ocurriría si él no corría. Y eso lo dejó paralizado». ¡Maravilloso!

Marías. ¿De verdad no la has releído?

Vargas Llosa. No, desde niño. ¡A mí me marcó la infancia! Soñé y soñé con la historia de los mosqueteros.

Pilar Reyes. Recuerdo el artículo por tu 80 cumpleaños donde decías que, de tu infancia, te acordabas más de personajes de ficción que de personas reales…

Vargas Llosa. Sí, claro. Esos personajes están mucho más vivos en la memoria que mis compañeros de colegio.

Marías. Pero es natural, porque en las novelas asistes a la vida de alguien…

Pilar Reyes. Ésa es la riqueza del niño lector, que vive dos vidas: la de su día a día y la de los libros, que es tener otra memoria.

Pérez-Reverte. Sí, multiplicas la vida por todos los libros que lees. Por eso la infancia de un niño lector es tan rica, porque vive mil vidas, hace mil viajes y llega a la adolescencia con mil mundos visitados y con mil amigos con los cuales ha vivido, ha luchado y ha viajado. Un niño lector tiene una riqueza que…

Marías. Y un aprendizaje de la naturaleza humana que nunca alcanzas en la vida real. Además de una pérdida de la ingenuidad; y a salvo, ya que no vive, en realidad, las situaciones de peligro de las novelas.

Vargas Llosa. ¿Y qué pasa con los niños de hoy que no leen? Es una experiencia privilegiada y si no la tienes, de alguna manera por lo menos, tu sensibilidad y tu fantasía son menos ricas. La relación con la imagen jamás puede ser tan rica para un niño como la que establece con un personaje de ficción, esa historia que al niño lo deslumbra, lo hechiza, que envuelve sus sueños…

Pérez-Reverte. Estamos de acuerdo. Aunque el mundo que viene es muy distinto al nuestro y habrá que estar adiestrado para sobrevivir en él.

Vargas Llosa. Bueno, claro, pero no estoy seguro de que sea mejor para la formación de la personalidad que el mundo en el que la literatura era un ingrediente fundamental.

Pérez-Reverte. Sin duda. Pero estando de acuerdo con eso diré que, aunque yo no sé encontrarle la épica a Pokémon, a lo mejor un chico de doce años sí. No sé, los grandes mitos ya no llegan por la literatura a los jóvenes, llegan por los videojuegos. Ojo, no es que juzgue si es bueno o malo, pero me pregunto qué va a salir de ahí. Mi curiosidad es cómo será el joven culto del año 2050. No será como el de 1950, desde luego.

Marías. Yo veo que se ha perdido estructura, tempo, pausa, expectativa… Las novelas podían ser más trepidantes o más pausadas, pero siempre había eso. Y en el cine también. Eso sí que me parece una pérdida, porque la verdadera vida sí tiene eso: condensación, pausa, espera, amenaza…

Pilar Reyes. ¿En breve la novela será un género para unos pocos?

Vargas Llosa. La literatura no va a desaparecer, pero será cada vez más marginal. La poesía, la novela, los ensayos… Será un margen muy grande, numeroso, pero ya no representará, de ninguna manera, la orientación central de la cultura, de la vida creativa.

Pérez-Reverte. Mario, ¡es que somos los últimos pistoleros! [Se ríen a carcajadas].

Vargas Llosa. A propósito, anoche estuve con Fernando Savater y contó una cosa que me dejó muy intrigado. Había dado una vuelta por la universidad en San Sebastián y se había quedado impresionado con la cantidad de carteles que había contra el amor romántico…

Pérez-Reverte. Porque es machista…

Vargas Llosa. Sí, el amor romántico como ingrediente fundamental de la explotación, la discriminación y la violencia de género; la fuente de todo lo que anda mal en la sociedad. Pero si el amor no es romántico, ¿qué cosa es? Es que sin amor romántico, simplemente, ¡ya no hay amor!

Marías. Ortega decía: «El español se caracteriza por tomar al rábano por las hojas» [se ríen a carcajadas].

Vargas Llosa. Pero es que el mundo entero está tomando el rábano por las hojas. Es francamente inquietante.

Pérez-Reverte. Mirad, cuando salió Falcó, mi novela, que ya sabéis que es un espía torturador, asesino, sin escrúpulos…, una periodista me dijo: «Oiga, pero este personaje es que no respeta el no de una mujer». Fíjate: lo que le llamaba la atención de un torturador y un asesino es que no respete el no de una mujer. Es un síntoma significativo de lo que viene.

Marías. Bueno, y ya si es un narrador en primera persona, como en mis novelas. «Es que usted dice…». Oiga, que yo no digo nada, lo dice el narrador que es tan personaje como los demás. Y se quedan así, como diciendo. «Ya, pero lo ha escrito usted…».

Pérez-Reverte. Lo cargan todo a tu cuenta personal. Te hacen responsable de lo que piensa cada uno de ellos.

Pilar Reyes.¿ Y les ha pasado de gente que se acerque y les cuente historias de vida para que ustedes las escriban?

Marías. Sí, sí. A esos les digo: «Bueno, ¡pero escríbala usted!» [se ríe].

Pérez-Reverte. Escribí un artículo sobre eso, ¿te acuerdas, Javier? De una vez que me vino uno que me dijo: «Ah, don Arturo tal y tal. Pues es que yo quiero escribir una novela». «¿Sobre qué?», le pregunté. «Ah, no sé, quiero escribir una novela» [empiezan a reírse]. Y le dije: «¿Y por qué no compone usted una canción?». «No, no, una canción es muy difícil» [se ríen más]. En fin…

Marías. ¡Con lo difícil que es escribir una novela!

Pilar Reyes. Quería preguntarles. ¿Han aprendido algo para el arte de narrar de alguna secuencia cinematográfica?

Vargas Llosa. Yo aprendí una cosa del cine: la velocidad. En la novela antes había descripciones muy largas. La novela moderna ha cambiado totalmente por la influencia del cine.

Pérez-Reverte. Sí, el cine nos ahorra mucho trabajo, porque apelas a esa memoria audiovisual del lector y no tienes que describir tanto. En mi caso, John Ford es fundamental en mi vida como escritor. Con él aprendí que un secundario sólido te garantiza un buen hilo narrativo. Esos sargentos de Ford fueron decisivos para mí. Y hay escenas que aún me ponen la piel… En Fort Apache, que sale la caballería y las esposas ven irse a los héroes; en mis tiempos de reportero, yo vi salir a los hombres a luchar y a las mujeres mirándolos, como en aquella película que vi de niño… «No puedo verle. Sólo veo las banderas». ¿Te acuerdas? O cuando John Wayne le quita del cuello el pañuelo a Constance Towers [en Misión de audaces]

Marías. Son detalles mínimos, pero te enseñan que los detalles en las novelas son sumamente importantes. A veces, es una sola línea la que provoca la emoción. Yo del que más he aprendido para la narración es de Hitchcock. Tiene una técnica narrativa extraordinaria. Hay una escena de Marnie la ladrona en que la protagonista abre una caja fuerte mientras, en planos alternos, hay una señora de la limpieza en el pasillo que se va acercando hacia donde está ella. No la ve. Y se acerca y se acerca… La va a pillar. Y, de pronto, a Tippi Hedren se le cae el bolso, hace ruido y, entonces, resulta que la mujer es sorda [se ríen].

Pérez-Reverte. ¡Era un maldito genio!

Vargas Llosa. Hombre, pero de las novelas también recuerdo episodios imborrables. En Esplendores y miseria de las cortesanas [de Balzac] hay una escena con el protagonista sentado en una diligencia frente a una señora que, percibe de pronto, cada vez que hay un bache se toca la rodilla. ¡El viaje entero él lo pasa concentrado en la rodilla! Es de una delicadeza, de una inteligencia…

Pérez-Reverte. ¡Qué maravilla!

Pilar Reyes. Los tres son académicos y escritores. ¿Hay discusiones en la RAE entre escritores y lingüistas?

Pérez-Reverte. El problema que se da más a menudo deriva de que ellos tienen una visión fría de la lengua, como ladrillos de una pared; les da igual lo que escriba Vargas Llosa o el prospecto de un medicamento, mientras que nosotros tenemos cada mañana 20 problemas por resolver en forma de frases, tildes, punto y coma… Ahí sí que tenemos ásperas discusiones.

Marías. Nosotros tenemos algo que, a menudo, filólogos, lexicógrafos y lingüistas no tienen, que es, no sé cómo definirlo: un sentido de la lengua, del matiz de las palabras.

Vargas Llosa. Claro, una cosa es trabajar con la lengua viva y otra con la lengua inmovilizada por la ciencia.

Pérez-Reverte. Tenemos oído, como el músico. La experiencia y el adiestramiento te generan un sentido del ritmo que no está en las reglas. Detectas si algo va mal… En literatura, todo aquello que funciona es válido y lo que no funciona no es válido. Venga de la ley que venga.

Vargas Llosa. ¡Absolutamente! Ésa es la gran frontera con ellos; que tenemos una intuición instantánea de la incorrección. Una música. Sientes que falta o que sobra algo. Es muy subjetivo y si algo te chirría en una frase eso determinará, finalmente, que la consideres correcta o incorrecta.

Marías. La cuestión del ritmo de la prosa es esencial. Me puedo estar equivocando, pero percibo esa música y soy capaz de rehacer una página entera, y a máquina, porque necesito una esdrújula, ese adjetivo…

Vargas Llosa. Sí, yo rehago mucho, corrijo mucho, y hay que ser implacable. Es Flaubert puro. cortar, corregir, cortar; no ser complaciente con uno mismo respecto a las palabras. Hay que meter el hacha. Aunque también el exceso de autocrítica puede ser muy destructor. Si insistes en corregir y en rehacer, puedes estropear lo que estaba bien. Hay que saber cuál es el límite.

Pilar Reyes. Los personajes de Mario, por ejemplo, tienen una especificidad de habla muy clara, muy trabajada…

Vargas Llosa. Es que un personaje se define por su manera de hablar. Hay ciertas expresiones que sólo las puede decir una persona de un cierto sector social y que otro no diría jamás.

Marías. Yo no hago eso.

Pérez-Reverte. Porque la franja social de tus personajes es muy homogénea. Todos, pijos [carcajadas].

Marías. No, no son pijos [siguen riéndose los demás]. Es gente normal, más o menos cultivada… Si miras a la literatura española eso casi no ha existido.

Pérez-Reverte. ¡Estoy de coña, Javier! Oye, otra pregunta: ¿qué palabra de la lengua española es la que más os gusta?

Vargas Llosa. ‘Libertad’. Es maravillosa. Es una palabra rica, positiva, a pesar de estar manoseada, tan mal usada.

Pérez-Reverte. La mía es ‘ultramarinos’. Lo tiene todo. Tiene latín, tiene historia, tiene mar, tiene América, tiene hasta aroma; huele a las tiendas de ultramarinos. Es una novela de palabra. Me encanta.

Marías. La mía es una palabra muy literaria. ‘Remembranza’, que es una palabra preciosa.

Pérez-Reverte. Hermosísima. Y te va mucho. Las tres que hemos dicho corresponden a nuestra literatura.

Vargas Llosa. Bonita pregunta, sí.

Pilar Reyes. Quería preguntarles por la distinción entre escribir novelas y artículos de opinión, que los tres escriben y que son ejercicios tan distintos.

Vargas Llosa. Pero complementarios, porque es muy peligroso que la literatura se corte de la vida, de la calle…

Marías. A mí me choca que soy mucho más sincero y brutal en las novelas que en las columnas, porque con éstas tienes más presión. Antes decíamos que la gente te confunde con tus personajes o tus narradores, pero aquí lo digo yo y lo opino yo. Y muchas veces piensas: «Bueno, voy a decir algo que no caerá muy bien, pero tampoco voy a amargarles el domingo con algo terrible y pesimista».

Pilar Reyes. Hay una columna de Arturo, la que ganó el Premio Don Quijote de Periodismo, que me pareció especialmente deprimente.

Pérez-Reverte. Los godos del emperador Valente. Sí, pretendía decir que todo el sustrato sobre el cual se han cimentado los grandes avances de libertades, de los derechos del hombre, la idea de Europa como faro del mundo se está yendo al carajo. Soy muy pesimista respecto al futuro de ese mundo, desde Homero hasta hoy; todo eso se está desmoronando.

Vargas Llosa. Pero eres tan pesimista de verdad o es un rato de mal humor que…?

Pérez-Reverte. Lo soy de verdad. Voltaire, Montesquieu, Montaigne, Cervantes… están condenados a muerte.

Vargas Llosa. Pero es un pesimismo que no tiene justificación. El mundo entero está mucho peor que Europa.

Pérez-Reverte. Pero Europa era el faro y su luz está parpadeando.

Vargas Llosa. Yo creo que es imposible que una persona como Arturo tenga pesimismo. Tú eres la negación del pesimismo. El trabajo que tienes, cómo enfrentas tu vocación…, hay una postura optimista en la base de todo eso.

Pérez-Reverte. Sí, pero desconfío de la condición humana. Todo se estrella en el mismo escollo.

Vargas Llosa. Ah, bueno. Está bien, esa vigilancia me parece justa, pero que no creas en este mundo…

Pérez-Reverte. Ahora te lo digo al revés. Lo raro es que un tío con tu experiencia, tu cultura y con lo que sabes del ser humano y del mundo en que vivimos siga siendo optimista [se ríen].

Vargas Llosa. No hay alternativa, viejo. Si no, te mueres.

Pérez-Reverte. A lo mejor eso te mantiene joven, precisamente. Tu vitalidad, tu actividad, tu vigor quizá tengan mucho que ver con que sigues teniendo fe en esas cosas.

Vargas Llosa. Es importante mantener vivos los ideales, actuar como si la muerte fuera un accidente.

Marías. ¿Sabes lo que pasa? La gente, en términos generales, cada vez sabe menos de Historia, cómo fue el mundo antes de que nacieran; hay desinterés y es muy difícil apreciar lo que tienen ahora.

Pérez-Reverte. Es que hoy, cuando un niño brilla desde el colegio todo el sistema está creado para machacar cualquier destello de brillantez, de inteligencia o de independencia, para que no deje a los torpes atrás. ¿Os dais cuenta del descrédito que la élite tiene y del acoso que hay? Es una de las peores amenazas que tenemos. Nos están dejando sin élites. ¡Es el triunfo de los torpes!

Vargas Llosa. Que haya una diferenciación de acuerdo con tu talento, tu capacidad de trabajo, tu contribución al bienestar general. Oye, si no hay eso, es que…

Marías. Junto con racista, machista y sexista, elitista es hoy el peor insulto. Hay una cicatería generalizada que no entiendo.

Pilar Reyes. Sólo una última pregunta. Los tres están ahora terminando libros. ¿Cómo es ese estado final?

Pérez-Reverte. Te voy a hacer yo una interpretación de Javier. En cuanto Javier tiene una novela es una delicia de Javier. Es para llevárselo a casa. Pero cuando la empieza es insoportable. Dice: «No sé si la acabaré. Es malísima. No sé si la publicaré». ¡Que eres un agonías! [Se ríen].

Marías. No, no…

Pérez-Reverte. ¿Cómo que no? Aquí está un testigo [señala a Pilar Reyes]. Ahora bien, cuando está a punto de terminarla y ya la ve, se relaja y es feliz, encantador, sonriente [se ríen]. ¿Es o no es así, Javier Marías?

Marías. No es así, porque yo procuro ser agradable en todo momento [carcajadas]. Cuando cierro la máquina, no doy la lata. Si tú me preguntas, pues te digo: «Lo que estoy escribiendo es una porquería». Es verdad.

Pérez-Reverte. «No sé si la terminaré, no sé si esta novela…».

Marías. «Debería tirarla, es una porquería» [se ríe]. Mi inseguridad es irremediable y empeora con los años. Y luego también hay el cansancio y el temor a que por las prisas estropees el final: «Aquí me tengo que calmar, aplacar las prisas, mantener el tempo, el ritmo; no puedo, de pronto, abreviar». Y es una tentación.

Pérez-Reverte. Lo mío es un proceso continuo. Termino una novela y ya tengo en la cabeza la siguiente.

Marías. ¡Es intolerable! [Se ríe]. ¿Acabas una y tienes la siguiente?

Pérez-Reverte. A la semana yo ya estoy escribiendo otra. Una novela que estás terminando no te aburre, pero ya es demasiada convivencia. Te apetece cambiar, sentir otra vez ese estado de expectación, dormirte cada día pensando en lo que escribirás por la mañana. Levantarme y decir: «¡Me toca novela nueva!». En vez de: «¡Maldita sea, me toca artículo!» [se ríen todos a carcajadas].

Pilar Reyes. ¿Tú sabes que Javier lleva la lista de cuántas páginas escribe cada mes?

Pérez-Reverte. Es un psicópata [se ríen]. Te debes a tu leyenda.

Marías. Y también la lista de cuántos días he podido trabajar. El año pasado fueron 161 días que no pude hacer nada. Cuando hago una interrupción de cuatro, cinco, siete días, vuelvo –me cuesta, pero vuelvo– y a menudo me digo: « ¿Y quiénes son estos? ¿Qué es lo que les está pasando? Si ya no me acuerdo de nada» [se ríe].

Vargas Llosa. Como la historia de Balzac, que escribía tres novelas a la vez y las historias se le confundían y los personajes se le cruzaban. Y al final encontró la manera maravillosa esa de hacer saltar a los personajes de las historias. ¡Pero es que le ocurría en la vida real! ¡Fantástico!

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